Dia dos pais

 

pai
Father’s Day in Brazil. Happy Father’s Day to my dad!
Domingo Me faz lembrar meus domingos quando criança. Todos domingos pela manha meu pai colocava os discos (de vinil) na vitrola e tocava músicas. Começava sempre com Roberto Carlos. Depois de um tempo tocado todas as musicas – conhecidas e também aquelas que só os mais fãs do Roberto Carlos conhecem – ele então colocava os discos do Balão mágico. Ahhhh, e como era gostoso. Nós cantávamos e nos divertíamos muito com as canções cantadas pela Simony, Fofão, Fábio Junior e toda a turma. Eram domingos de pai e filho, domingos de muita música e brincadeiras. Lembro que no final do dia, quando acabava os trapalhões e começava o fantástico, batia aquela tristeza, pois sabia que no dia seguinte seria segunda-feira e meu pai iria trabalhar. Todo domingo a noite batia uma saudade enorme sabendo que demoraria cinco dias para ficar com ele no final de semana.
Minha mãe desencarnou quando eu tinha oito anos. Ela era jovem, tinha apenas trinta e meu pai, também jovem, tinha apenas trinta e um anos. Claro que senti muito a falta dela. Porém eu digo, sempre, que Deus me deu o melhor pai do mundo. Meu pai sempre foi meu pai e minha mãe, os dois juntos. E agora ele se tornou também meu amigo.
Aprendi a amar ele não só como pai mas também como um amigo. Aquele amigo que você quer por perto, aquele que você quer compartilhar os seus erros, as suas vitórias, alegrias e tristezas.
Hoje, como adulto que sou, olho pra trás e penso o quão difícil deva ter sido para ele ter ‘perdido’ o amor de sua vida – minha mãe – tão jovem e ter que cuidar sozinho de duas crianças. Ser pai e mãe ao mesmo tempo tendo apenas trinta e um anos. Agradeço muito a ele por todo carinho e amor que ele sempre teve para comigo e minha irmã em um período tão difícil para ele.
Em Borboletas no jardim, eu conto a estória de como Deus sempre nos envia pessoas queridas – no livro chamadas de borboletas – para nos auxiliar na vida, fazer de nossa vida um mundo mais alegre e nos dar apoio para continuarmos seguindo em frente. Pois é, Deus me enviou muitas ‘borboletas’ para iluminar o meu caminho e a maior delas é o meu pai!
Feliz dia dos pais ao meu querido pai e também a todos os pais que são os nossos maiores heróis.

 

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La verdad nunca muere – Capitulo Liverpool 1822

Hola Amigos, Estoy muy feliz x muy pronto mi primero libro sera publicado en espanol en la America Latina.

Abajo un trozo del libro.

PS: Perdona mi malo espanol.

 

 

Capítulo IV. Liverpool – 1822

 

—No puedo casarme con él, padre. ¡Tiene que parar con este acuerdo!

—No te atrevas a levantarme la voz, jovencita. ¡Te levantaré la mano y te enseñaré a respetarme si hace falta!

El Sr. Williams dio un puñetazo con su mano derecha en la mesa de madera. Le tiró un tenedor a su hija.

—¡Felicidad! —gritó—. ¡Este hombre es nuestra oportunidad para ganar dinero de nuevo! Él será tu marido y no tienes más elección en el asunto.

La joven, de pelo largo y oscuro y ojos azules, le suplicó.

—Tiene niños muy pequeños trabajando en su fábrica, padre, y todo el mundo sabe acerca de las pésimas condiciones en las que trabajan; yo lo vi con mis propios ojos. Las condiciones en las que esos pobres niños trabajan y viven son peligrosas e infrahumanas. Son tratados como animales. Vi a una niña pequeña que tendría cinco años, a lo sumo; tenía los ojos más tristes que he visto nunca y fue como si me pidiera misericordia en silencio. No podría vivir con un hombre así; ya sabe cómo me siento ante la explotación infantil…

Antes de que pudiera terminar su frase, su padre se levantó y la agarró violentamente por los brazos.

—Me importa un bledo si los niños en su fábrica están sanos o no. ¡Y me importa un comino si le pega a esos pobres pequeños diablos o no! Él es nuestra salvación, Felicidad; es nuestra escapatoria ante la miseria en la que nos encontramos.

Todavía sosteniendo a su hija y mirándola firmemente a los ojos, el viejo la sacudió violentamente y la sentó en una silla junto a la mesa.

—Mañana, el Señor Worley vendrá con su hijo, Peter, a las siete en punto, y su hijo me pedirá permiso para casarse contigo. Bajarás de tu dormitorio al comedor y le regalarás al señor Worley y a su hijo una sonrisa, diciéndoles cómo de alegre y honrada te encuentras por la noticia.

El viejo salió de la habitación. Felicidad permaneció de rodillas, llorando, sintiéndose desesperada.

En ese momento, la sala se llenó con una luz que iluminó toda la habitación. Dos hombres, que eran invisibles para Felicidad, se acercaron a ella y, poniendo sus manos sobre la cabeza de la joven, comenzaron a sanar su espíritu, en silencio. Aunque Felicidad no podía verlos o ver cómo de brillante se había convertido la habitación, en ese momento, se sintió más tranquila.

—Por favor, Señor —dijo, mirando hacia arriba—. Quédese conmigo. Ayúdeme a encontrar una salida.

 

El día siguiente llegó. Miranda, una mujer negra, era el único miembro del personal que permanecía trabajando para el Sr. Williams, después de que él se declarara en bancarrota. Miranda empezó a limpiar la casa muy temprano para asegurarse de que todas las tareas de limpieza estuvieran realizadas antes de que llegaran los Worley. Hizo una limpieza profunda en la casa, arregló el jardín y se dedicó a cocinar para la cena especial de esa noche.

Miranda siempre había estado muy entregada con la madre de Felicidad y, cuando esta cayó enferma de cáncer, Miranda le prometió que cuidaría de su hija pasara lo que pasase.

Cuando la madre de Felicidad falleció, el Sr. Williams comenzó a beber más que de costumbre y se volvió adicto a las apuestas. Perdió todo su patrimonio aparte de la casa en la que vivían. Todos los otros sirvientes, cansados de ser verbalmente maltratados por el Sr. Williams y descontentos ante la falta de pago por sus servicios, lo abandonaron. Miranda fue la única que se quedó, aunque su decisión no tuvo nada que ver con el Sr. Williams. Quería mantener su promesa y cuidar de Felicidad porque se preocupaba por la niña como si fuera suya. La situación financiera no había mejorado y el acuerdo de matrimonio era para él una salida de la miseria.

El carruaje llegó puntualmente a las siete en punto. Peter Worley, junto con su padre y su madre salieron del carruaje y fueron recibidos por el Sr. Williams. El padre de Peter, el Sr. John Worley, era un comerciante muy famoso y rico de la región. Aunque no hablaba de ello, todo el mundo sabía que la parte más rentable de su negocio era resultado del comercio de esclavos, y que la razón por la que no mencionaba la naturaleza de su negocio no era porque no estuviera orgulloso de ello, sino porque el comercio de esclavos se había vuelto ilegal en el Reino Unido.

Su conversación en el comedor fue incómoda y formal. El novio y su familia parecían impacientes, como si quisieran quitarse de encima las negociaciones y salir de la casa. El novio pidió ver a su futura prometida. El Sr. Williams sabía cómo de reacia estaba su hija a casarse con ese hombre, pero no tuvo más remedio que llamarla para que bajara a la sala.

El Sr. Williams le pidió a Miranda que llamara a Felicidad, que estaba preparada en su dormitorio. Felicidad bajó las largas escaleras de madera. Llevaba un vestido amarillo muy llamativo, su pelo era rizado y brillante, y su rostro estaba tan pálido como la porcelana. Todos en la sala se pusieron en pie para ver a la joven entrar en la habitación, y todos ellos la felicitaron por lo hermosa que estaba. Felicidad estaba visiblemente incómoda y muy inestable. Los ojos de Peter se centraron en ella. Sabía acerca del rechazo de ella, pero eso sólo había hecho que se sintiera aún más atraído por la joven. Pasó meses obsesionado con ella y soñando con el día en que sería suya.

—Tienes razón, hijo —dijo John Worley, admirándola—. Es hermosa y será una buena esposa.

—Felicidad —dijo su padre—. El joven Sr. Peter acaba de pedirme permiso para casarse contigo. Y le he dicho a él y a sus padres cómo de honrados estamos con esta propuesta.

Felicidad miró al Señor John Worley.

—¿Podría preguntarle algo, Sr. Worley?

El hombre estaba demasiado sorprendido para responder y Felicidad siguió adelante antes de que incluso él pudiera abrir la boca.

—¿Es cierto que usted, Sr. Worley, todavía envía naves a África para capturar a seres humanos inocentes para luego venderlos en diferentes países?

La pregunta cayó como una bomba en la sala.

—Es usted una niña muy insensata si cree que puede cuestionarme así —respondió el Sr. Worley—. Debe sentirse estúpidamente orgullosa de su decadente padre para atreverse a confrontarme así. ¿Cree que mi hijo y yo no sabemos que este matrimonio es la última esperanza de su padre y suya en la vida? Esta es la única manera para él de conseguir algo de dinero y salvarse de la completa miseria. Debe de ser muy insensata para echar por la borda su única oportunidad en la vida con semejantes acusaciones.

—No amo a su hijo y él lo sabe. Ha estado detrás de mí durante meses y he dejado mis pensamientos claros. No entiendo qué le hace insistir.

El Sr. Williams, tratando desesperadamente de encontrar una solución para el desastre creado por su hija, le suplicó a la familia Worley que no se fueran. Se tiró a los pies de Peter.

—Por favor, por favor, no se vaya. Ella le obedecerá como su marido y será una buena esposa. Aprenderá a amarle, estoy seguro. Puede enseñarla.

—Nos vamos —dijo John Worley, dirigiéndose hacia la puerta.

—¡Padre, espera! —dijo Peter—. Me gusta. Me ha gustado desde que la vi por primera vez. ¡Quiero casarme con ella! El Sr. Williams tiene razón; haré que me ame.

Su padre suspiró y accedió a negociar con el Sr. Williams, con la condición de que Felicidad fuera enviada a su habitación y desapareciera de su vista. Una vez que Felicidad dejó la sala, fueron a la mesa donde Miranda les estaba esperando para servirles la cena. El Sr. Williams y Sr. Worley negociaron la boda. La vida de Felicidad fue negociada allí, sobre la mesa, durante la cena, como si estuvieran negociando la vida de uno de los esclavos capturados por el Sr. Worley.

Más tarde esa noche, después de que la familia Worley hubiera abandonado la casa, el Sr. Williams, borracho, fue al dormitorio de Felicidad y la agarró, arrojándola contra el suelo.

—Esto es para enseñarte una lección: ¡nunca le faltes el respeto a tu hombre otra vez!

Escupió en la cara de Felicidad.

Felicidad se quedó en el suelo, llorando. Miranda entró y se sentó junto a ella. Reclinó la cabeza de Felicidad sobre su regazo. Acariciando el cabello de la joven, le cantó una oración en un dialecto africano.

 

 

Capítulo Um pequeno coração partido (Borboletas no Jardim)

Queridos leitores, abaixo voces terao a oportunidade de ler o quarto capítulo do meu novo livro: Borboletas no jardim. Este livro é muito especial para mim, pois trata de um assunto muito pessoal; a ‘perda’ de uma mãe. O livro conta a estória de Katie, uma garotinha Americana de cinco anos que recebe a notícia de que sua mãe,  Linda, desencarnou. Espero que gostem do capítulo abaixo. Logo logo terei mais informações sobre o lançamento do meu novo ‘filho’ Borboletas no Jardim.

capa ebook

Capítulo : Um Pequeno Coração Partido

Enquanto isso, na Terra, Roy saiu do hospital um dia antes do funeral de Linda.[1] Concordou com Elizabeth e Joey que seria melhor se ele mesmo desse a notícia a Katie, então os dois esperaram até que ele estivesse em casa.

Ao ouvir o barulho do carro de Joey se aproximando, trazendo Roy para casa, Katie correu para encontra-lo.

– Papai, você voltou!

Roy desceu do carro e se ajoelhou. Abraçou a filha e afagou seus cabelos, tentando esconder a tristeza. Uma lágrima escorreu em seu rosto e ele a enxugou rapidamente antes que ela visse.

– Onde está Mamãe? Vocês voltaram juntos, não? – perguntou Katie, olhando por cima do ombro do pai para ver se ela estava no carro. – Não estou vendo. Ela está brincando de esconde-esconde?

E correu em volta do carro, rindo.

Roy olhou para Elizabeth e Joey, pedindo ajuda. Pegou Katie pela mão e disse:

– Meu amor, vamos até o jardim. Papai precisa falar com você.

Os dois se sentaram-se no banco perto de uma árvore. As mãos dele tremiam e lágrimas escorriam em seu rosto. Era a notícia mais difícil que ele já havia dado a alguém na vida. Estava acostumado a tratar com negociantes experientes e astutos, mas nem as transações mais difíceis se comparavam ao que teria que fazer agora. Sua filha, que nem havia completado seis anos, era a criatura mais inocente que ele conhecia, vulnerável e frágil. Seu coração estava em pedaços e agora ele iria partir o coração daquela a quem mais desejava proteger no mundo.

– Temos que conversar sobre a Mamãe, Katie. – disse ele, olhando bem em seus olhos para acompanhar e ajudar em suas reações.

A menina ficou em silêncio, prestando atenção. Sentia que algo estava acontecendo ao ver as lágrimas nos olhos do pai. Linda estava ali, ajoelhada na frente dos dois, transmitindo vibrações de amor. Geraldine e Teresa também estavam ao lado, com os olhos fechados e enviando pensamentos positivos para Katie e Roy.

– Mamãe e eu sofremos um acidente de carro na volta das montanhas. Estava chovendo muito… – disse Roy, pausadamente, tentando conter as emoções e não chorar mais ainda. Não queria mostrar a Katie que também estava arrasado e inseguro quanto ao futuro. Sabia que devia transmitir segurança a ela e fazê-la sentir que tudo ia ficar bem. – Ficamos muito machucados… e….

– Ela está no hospital, Papai? Os médicos estão cuidando dela?

Mais lágrimas surgiram em seus olhos e ele sentia como se o mundo fosse desmoronar. Respirou fundo e passou a mão no rosto da filha.

– Os machucados dela foram muito sérios, meu amor…Mamãe morreu.

– Não entendi, Papai. Quando ela volta? Quando ela volta? – perguntou ela, assustada.

– Ela não volta mais, querida. Quando as pessoas morrem elas não voltam…. Não podem mais voltar. Ela foi embora para sempre…

– Eu não vou mais ver minha mãe? – ela começou a chorar, confusa e com medo.

– Não, meu amor. Não vamos mais vê-la. Mamãe foi embora para sempre. – Roy a abraçou e a aconchegou em seu peito.

A menina afastou os braços do pai e saiu correndo e chorando, desesperada. Foi até um arbusto em que costumava brincar, fazendo de conta que era uma pequena casa. O arbusto tinha uma pequena abertura e um espaço oco dentro. Ela entrou, se sentou no chão e ficou chorando até quase perder o fôlego.

Roy foi até lá, se ajoelhou e Katie viu que ele também estava chorando. Saiu do arbusto e o abraçou. Os dois ficaram ali, pensando nos momentos que tiveram com Linda. Katie se lembrou de todos os instantes do último dia e do sorriso da mãe. Depois de alguns instantes Roy a pegou pela mão e a levou até o banco onde eles estavam sentados antes. Não podiam vê-la, mas Linda os abraçou e envolveu em muita luz. Os três choraram. Teresa e Geraldine se aproximaram, ergueram os braços e oraram, pedindo paz e conforto para aquela família. Então uma forte luz, invisível aos olhos humanos, surgiu no ar, transformando-se em uma espécie de arco-íris, resultado das vibrações de amor de Geraldine, Teresa e Linda.

Elizabeth veio para o jardim, acompanhada de Joey. Os dois se sentaram perto de Roy e Katie. A menina chorava sem parar. Olhou para os avós e disse, soluçando, que sua mãe não voltaria mais para casa.

– Sim, minha princesinha…Sei que é muito triste. Estamos todos muito tristes também. – disse Elizabeth, abraçando a neta.

– Sinto muita falta dela, Vovó. – disse Katie, entre lágrimas. – Quero que ela volte agora.

– Também queremos, minha querida. Também queremos. Mas não foi culpa dela. Sua mãe não escolheu ir embora. Quando a morte chega não há como dizer “não”. Ouça: sua mãe não foi embora de propósito. Ela simplesmente ficou tão machucada que foi chamada para ir para o céu. – explicou Elizabeth.

– Seja forte. Não estou morta. Lembre-se: não morremos, jamais morremos. Apenas evoluímos, progredimos e vivemos para sempre. – Linda disse à Katie. Tocou o pequeno rosto da filha e continuou. – Estou viva e estou aqui, cuidando de você. A única diferença é que não estou mais em um corpo físico. Essa separação dói muito, mas um dia vamos estar juntas novamente, eu prometo.

Mesmo sem ver ou ouvir o que Linda estava dizendo, os quatro começaram a se lembrar dos momentos felizes que viveram com ela. Linda aproveitou a oportunidade para se levantar, fechar os olhos e pedir a Deus que uma borboleta surgisse ali. Concentrou-se na imagem e, em alguns segundos, uma bela borboleta azul se materializou e voou pelo jardim, indo pousar no joelho de Katie. A menina parou de chorar. Olhou para Roy e para os avós e disse:

– É Mamãe! Prometemos uma para a outra…Prometemos que iríamos mandar borboletas! Mamãe me enviou esta, tenho certeza.

Roy, Elizabeth e Joey sorriram para Katie. A borboleta voou, então, pousou em cada um deles e depois voltou para o joelho da menina. Katie imaginou a mãe ali perto, cuidando dela, e pensou: “Por favor, volte, Mamãe…Preciso muito de você”.

– Não tenho como voltar, filhinha. Pelo menos não como antes, mas estarei sempre perto de você. A qualquer momento que precisar. – disse Linda, dando-lhe um beijo no rosto.

Levantou-se, então, se colocando ao lado de Teresa e Geraldine.

– Vamos, então? – sugeriu Teresa. – Podemos voltar em breve.

Linda concordou e jogou um beijo para eles antes de partir, acompanhada das duas.

Elizabeth, Joey e Roy ficaram no jardim com Katie, observando o céu, cada um sentindo à sua maneira a perda de sua amada Linda.

  • [1] Diferente do Brasil, os funerais e enterros nos Estados Unidos e outros países Anglo-Saxões tardam vários dias para acontecer.